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Las sensibilidades masónicas

Todo el texto de este artículo, ha sido extraído de su publicación en la web de Masonería Mixta, que ha concedido su autorización para su publicación, hoy mismo, en el Blog de Jorge Ramos…

  Se ha terminado por imponer entre el común, e incluso entre los propios masones, el hablar de la masonería como si esta fuera un cuerpo monolítico en el que no cupiesen gradaciones, matices e, incluso, diferencias de calado y abiertas discrepancias en cuanto a la manera de entender como se transita por este camino, no olvidemos el denominador común y por ello siempre presente, iniciático.

  Es algo comunmente aceptado que la entrada en la masonería, me refiero aquí a la obediencia u orden en la que se produce la iniciación, suele ser accidental y que depende en la mayoría de las ocasiones de la oferta que se tenga más próxima o de aquella con la que se haya uno topado primero en sus andares por la red en busca de una puerta a la que llamar. El paso del tiempo y la propia formación e inquietudes terminan por colocar a cada cual en aquel lugar más próximo a su propia manera de entender, tanto la vida en general como la masonería en particular, y es esta una cuestión que debería ocupar las reflexiones de cualquier masón o masona con vistas a que no se produzcan distorsiones entre el pensamiento y la realidad.

   Dicho lo anterior quisiera ocuparme en las líneas que siguen de la cuestión que da título al presente comentario y que mi propia vivencia masónica, mi experiencia vital entre los Hijos de la Viuda, me ha proporcionado.

   No voy a entrar aquí a diseccionar las variadas posibilidades que a cualquier profano se le ofrecen si decide entrar en masonería aunque sí me voy a permitir hablar de las líneas generales como base a lo que seguirá después. A estas alturas uno ya espera que sea de conocimiento general que existen dos grandes líneas de pensamiento masónico, las conocidas como liberal y regular y, dentro de la primera, tres grandes subdivisiones y algún verso suelto. A saber obediencias masculinas, femeninas y mixtas y el verso suelto que corresponde a quellas obediencias que permiten la existencia en su seno de talleres que deciden en cual de las tres opciones se sitúan.

   Lo que me interesa exponer es como asumimos los propios masones esta diversidad enriquecedora. ¿Somos capaces de entender que en la diversidad está la riqueza o, por el contrario, etiquetamos a estos o a aquellos en función no de lo que de ellos sabemos, sino de lugares comunes más propios de profanas o profanos que de personas a quienes se supone que dedican una parte de su tiempo a la reflexión y el estudio, dentro de una concepción de la vida en la que la tolerancia hacia las opiniones ajenas (dentro de ciertos límites de sobra conocidos) debe ser la norma por la que debemos movernos?.

   La realidad, la dura realidad, es bien diferente, caemos en el pecado de etiquetar en base a suposiciones, dichos, lugares comunes -todos ellos casi siempre erróneos – y que ni nos cuidamos de verificar lo que, dicho sea de paso, se contradice con uno de los fundamentos de la masonería, la búsqueda de la verdad- o, simplemente, nos negamos a reconocer a aquellos que entienden que la masonería debe vivirse de acuerdo a los tiempos y no anclada en cuestiones que pueden ser, como mucho, un referente tradicional pero nunca un dogma salvo, claro está, para quienes quieran entenderlo así pero sin que pueda ello ser cosa obligada y extensible a todo el cuerpo masónico.

   Resulta escasamente masónico, en mi seguramente errónea opinión, el que nos creamos mejores o peores que el resto o que tratemos de forma despectiva las maneras de entender la masonería que nos resulten chocantes por desconocidas, pero seguramente esto se deba al escaso bagaje de cultura masónica que, por desgracia, es bastante común entre los masones españoles.

   Se va subiendo de grado sin que ello implique un mayor compromiso con el conocimiento del medio en que nos hayamos, hablo del medio en sentido amplio y no del conocimiento, en ocasiones también escaso, de la obediencia a la que pertenecemos y así sucede que, entre la escasa formación y el poco interés por conocer otras realidades -casi siempre más próximas de lo que suponemos- nos dedicamos a etiquetar a diestro y siniestro como si nuestra posición estuviera avalada por alguna inmutable verdad de la que somos poseedores y guardianes olvidando aquello de que la verdad ni es uno ni es inmutable ni es propiedad de nadie.

Termino, creo que la masonería española debe comenzar a hacer un esfuerzo de convergencia aunque sin que ello suponga la renuncia de nadie a sus peculiariedades. Cada cual es como es y creo que esta diferencia, como ya dije antes, resulta enriquecedeora si se observa sin dogmatismo y desde la fraternidad que, a fin de cuentas, es lo que debería importarnos.

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